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Posts Tagged ‘Austria’

Gitanerías

Como ya vengo relatando en mi twitter, el frío ha entrado en Austria sin avisar. De pronto descendieron las temperaturas bruscamente y desde entonces podemos declarar oficialmente la entrada del otoño. Es decir, lluvias constantes, cielo cubierto y gris durante varios días (a veces incluso más de una semana), escasas horas de sol (no me refiero al día, ni tan siquiera a la semana, sino al mes, pues si está cubierto el sol es sólo una idea), temperatura de unos 8º o 10ºC de máxima y ¡frío, mucho frío! Lo que peor llevo es la falta de sol.

Hace algo más de una semana que por fin me han instalado la parabólica en casa y ¡siiiiiiiiií! ¡Puedo ver la tele! Lo cierto es que hay mucho canal extranjero (sobre todo italiano) y poca oferta en español, pero me he aficionado al canal internacional de Corea del Sur (Arirang TV). Al igual que en la NHK World, la televisión nacional japonesa, los programas son inglés o bien están subtitulados (en inglés también, obviamente, ya que es el idioma internacional por excelencia).

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La cuestión es que si unimos la entrada de la época otoñal y la instalación del satélite nos encontramos con… ¡Un frío de narices! Y ¿por qué? Muy sencillo: a causa de la entrada del cable en la casa no puedo cerrar la ventana. T_T Así pues, entró en juego el ingenio a  más puro estilo Mc Giver: busqué plástico transparente, cinta adhesiva ancha y unas tijeras. El resultado…

 

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¡Exacto! Forré el hueco de la ventana. Una gitanería como otra cualquiera, pero de momento paré la entrada de aire frío en casa. Es sólo una medida temporal hasta que llegue el cable que me permita deshacer el entuerto.

Para este fin de semana han anunciado que llegaremos a los 2ºC, así que hoy no me ha quedado más remedio que rematar la jugada con una chapuza mayor: cubrir la ventana con una tela grande (eso sí,  juego con la de la mesa) para reforzar más si cabe la gitanería anterior. Si es que no tengo remedio… ¬_¬

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 Y llegó el Domingo de Ramos. Comencé la Semana Santa antesdeayer, con una celebración tan anticlerical como la del Sábado de Ramos, pero que me supo a gloria. Ojo, hay una justificación para que donde fui se celebrara el sábado.

Por su parte, los vieneses inauguraron la Semana Santa con su particular y tradicional maratón de más de 40 kilómetros. Durante la semana pueden visitarse mercadillos de pascua donde comprar articulos típicos de estas fechas. En breve subiré un nuevo post sobre la Semana Santa en Austria.

Por lo demás, este año me ha sido imposible comprar un billete para pasar las fiestas pascuales en casa, así que me tocará vivirlo todo a la austriaca, sin procesiones, sin roscos de semana santa, sin marchas procesionales, sin olor a incienso ni a azahar, sin penitentes, sin restos de cera por las calles, sin torrijas, sin, a fin de cuentas, nada de lo que he vivido desde mi infancia durante este tiempo. Ahora, sin ellas, estos días me parecen una semana más, como tantas otras en el calendario.

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Si tuviera que destacar uno de los lugares que he visitado durante mi estancia en Austria, sin lugar a dudas me decantaría por el campo de concentración de Mathausen, construido durante la Segunda Guerra Mundial. A pesar de que también allí exterminaron a cientos de miles de vidas inocentes, éste era considerado como un campo de trabajo, con la categoría dos de las tres existentes.

He visitado el campo dos veces. La primera vez fue impactante el comprobar la dureza de corazón a la que puede llegar el hombre. Las humillaciones y vejaciones constantes con las que los nazis despojaban a los prisieron de su dignidad humana y los convertían a sus ojos en algo menos que animales: trabajos forzados y castigos extenuantes que les arrebataban la vida -entre ellos la “escalera de la muerte” por la que diariamente debían subir y bajar varias veces para trabajar en la cantera y ascender, cargados con piedras de más de 20 kilos-; raciones de comida perfectamente calculadas para llevarles al límite inanicion, pero sin matarles; experimentos médicos con prisioneros, niños y grandes; camas de apenas 60 cm. para tres personas… Tantas y tantas barbaries se acometieron entre sus muros, algunas de tal magnitud y despropósito, que aún hoy cuando visitas el campo te advierten que muchas de ellas no pueden contarse porque, hieren hasta tal punto la sensibilidad humana, que las personas no son capaces de asumirlas.

 La segunda vez que lo visité fue al atardecer. Salí de noche y el frío, la oscuridad y el silencio que envolvía el lugar era espeluznante. Apenas alumbraba la bombilla en cada puerta principal de cada uno de los barracones. Recuerdo ese sentimiento generalizado de frialdad en todas las estancias, especialmente en las de los hornos crematorios. Volví a abandonar el lugar con el corazón en un puño y las tripas revueltas, sin poder dar crédito a tanto a horror, a tanto sufrimiento desbocado por una mera ideología.

Hace unos meses me prestraron el libro “He sido el asistente del doctor Mengele”, de Miklós Nyiszli, un judío que ingresa como prisionero en el campo de exterminio de Auschwitz y termina trabajando como médico forense. En su libro nos relata de primera mano la crudeza de la vida en el campo nazi, cómo funcionaba, así como los crímenes y atroces experimentos con niños, enanos, gemelos de los que fue testigo. Tan sólo leí la mitad, pero me gustaría terminarlo, eso sí, haciendo de tripas corazón porque es bastante impactante.

Como dato interesante a cerca del KZ Mathausen os daré dos: el primero está referido a la memoria histórica. Todos los escolares austríacos están obligados a visitar como salida cultural del centro escolar el campo de concentración (es posible que se refieran a alguno de tantos que hubo en Austria y no únicamente a éste), con el fin de que sean conscientes de los horrores que allí sucendieron, los conozcan y nunca olviden la historia para que no vuelva a repetirse. El segundo dato que os aporto es que este campo no funciona desde que en 1945 entraron las fueron americanas, pero, a pesar del tiempo transcurrido, está en perfecto estado.

Si queréis ver más imágenes podeis encontrarlas en mi espacio de Flickr.

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Maturaball

 

Durante la última quincena de diciembre y en las primeras semanas de enero celebran los chicos del último curso de Bachillerato el “Maturaball”, el baile de fin de estudios en el instituto. Es una fiesta entrañable en la que asisten profesores, familiares, amigos… Es el fin de una etapa y el comienzo de una nueva.

El año pasado tuve la suerte de asistir en Linz (Austria) al “Maturaball” de una amiga. Me sorprendió bastante la seriedad con que se toman estas cosas los austríacos, hasta el punto de que parecía que me encontraba en una fiesta en un lugar de postín donde celebrar la Nochevieja.

Los estudiantes del último curso, los que ese año se presentarán al examen de selectividad -“Matura”-, son lo que se encargan de todo: un comité de alumnos toma las decisiones de buscar el sitio y reservarlo, cómo se va a decorar, el tema, el día, acordar el catering, diseñar los carteles para anunciar el baile, etc., y el resto de compañeros trabajarán como obreros: cortar, pegar, envolver, decorar,…

La decoración del lugar giraba en torno al tema "el espacio".

Tras los preparativos del lugar y los meses de ensayo, una vez que llega el gran día, el baile se abre con la entrada en fila de a dos de los profesores de los últimos cursos y los alumnos. Por cierto, hay que vestir de etiqueta: los chicos de chaqueta y corbata y ellas de fiesta, preferiblemente de largo (como dato añadir que muchas de ellas hacen este desfile de entrada vestidas de blanco). A continuación abren la pista de baile con un vals, como no, y entonces se unen los invitados. Me sorprendió que todos sabían bailar distintos tipos de bailes, desde el clásico vals hasta una bachata. Estuve preguntando y me explicaron que cuando los chicos son jovencitos asisten a clases de baile. La orquesta se alterna con las actuaciones de baile que cada clase ha preparado. Son ellas las que deciden la música, la coreografía, el vestuario… TODO.

Bailando un vals. Al fondo está la orquesta.

Coreografía de una clase

Coreografía. Conquista de la Luna.

A parte de la pista de baile, hay otras salas: la discoteca, salas restaurante donde nos servirán camareros y se cobrarán en el acto, otra a modo de cafetería donde poder agasajarnos con café y dulces por un módico precio -regentada por estudiantes-, otra de champán… Igualmente, por los pasillos podemos encontrar estudiantes que venden diversas cosas como chocolate, lotería para el sorteo de un viaje que tendrá lugar esa misma noche, comida basura, etc. Con el dinero recaudado se irán en Junio de viaje fin de curso.

Bómbón de la fortuna con mensaje en su interior

Una de las sala restaurante. Había una mesa por cada uno o dos estudiantes y sus invitados.

No sólo se premia a los invitados que participen en algún sorteo de la noche sino que también se elige de entre los estudiante a los reyes del baile (y creo recordar que ganaban algo). Una vez termina el baile a las tantas de la madrugada se van los alumnos de parranda, sin papis ni familia que los controle. Aún así, días más tarde volverán a celebrarlo toda la clase de una manera más informal: con una botellona en toda regla.

 

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