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Sopa de leche

Abro la puerta de mi nevera y veo: un triste pimiento, dos tomates, un trozo de mozzarella casi entero en su salmuera, un bote de leche casi agotado… Muchos poquitos que ocupan espacio y a los que debo darles salida rápido. Es entonces cuando me acuerdo de aquellos días en que mi vecina de Bolivia traía un “tupper” con una sopa típica de su tierra que había cocinado para su familia. Sopa… pero blanca, con un gusto particular y con queso. ¡Sopa de leche! Eso haré para cenar… Casi pudiendo saborearla desde mis recuerdos me puse manos a la obra y busqué la receta en internet, porque a pesar de que mi sentido del gusto estaba dándose un festín por mi memoria, a duras penas podía recordar algunos ingredientes. En vista de al inconveniente pregunté a un amigo y… ¡bingo! Me dio una pista (muchas gracias chiki ^^!!!). En Perú cocinan algo parecido, “Chupe de camarones”, pero con marisco y algunos ingredientes más. Este platillo lo probaré en otra ocasión; ahora estaba decidida a hacer la sopa de leche.

Por fin la he cocinado para cenar y el resultado es éste:

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¿Queréis saber cómo se prepara? Os dejo con los ingredientes y el paso a paso.

Ingredientes:

  • Agua
  • Un trozo de pollo (o el esqueleto) para hacer caldo.
  • 1 cebolla blanca
  • 1 pimiento verde
  • 1 tomate
  • patatas
  • queso blanco
  • leche
  • sal
  • pimienta molida
  • orégano
  • comino molido

La proporción de agua y leche es: por cada litro de agua, algo menos de medio litro de leche.

 

Preparación:

Poner una olla al fuego con agua y el pollo para hacer un caldo. Dejar que hierve un ratito. He de confesar que yo añadí una pastilla de caldo de pollo porque tan tenía un ala y el caldo iba a quedar muy pobre. A continuación añadir la cebolla cortada en pluma (en tiras largas), el pimiento y el tomate con el mismo tipo de corte. (Como es caldo, también agregué una zanahoria pequeña a trocitos). Ahora es el momento de incorporar las patatas peladas, lavadas y cortadas en láminas de medio centímetro de grosor. Probar de sal y si sabe muy soso el caldo lo corregimos de sal. Añadimos una pizca de pimienta molida y dejamos hervir una media hora. Trascurrido el tiempo lo apartamos del fuego e incorporamos la leche y el queso cortado en láminas. Espolvoreamos un poco de orégano y la punta del cuchillo de comino (a gusto). Dejar hervir la sopa a fuego suave durante unos quince minutos. Apartar y servir.

 

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¡Rica y diferente! Guiño

Este plato es uno de esos de comer con un buen trozo de pan. El único “pero” que se le puede poner es que no es bueno abusar de él, ya que el hígado tiene muchas hormonas mucho coresterol y es alto en purinas, sin embargo, es muy rico en hierro y vitamina del grupo B (sobre todo B12). Yo suelo cocinarlo, como mucho, una vez al mes, aunque cada dos semanas es aceptable.

 

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Aquí os dejo esta receta.

Ingredientes:

  • Higaditos de pollo
  • Cebolla en cantidad
  • Dientes de ajo
  • Laurel
  • Harina o maicena.
  • Aceite
  • Vino blanco
  • Agua
  • Pimienta
  • Un poco de orégano

Preparación:

Limpiar la cebolla y cortarla en pluma (en tiras largas). En una sartén honda ponemos a pochar la cebolla con un chorrito de aceite, la hoja de laurel y un pellizco de sal.

Mientras se pocha preparamos el ajo. Si es poca cantidad de higaditos con dos o tres dientes grandes es suficiente. En la receta de la foto lo corté chiquito, pero en otras ocasiones lo corto en láminas (eso sí, independientemente de la forma en que lo hagáis quitarle el germen del centro). Agregaremos el ajo cuando la cebolla esté casi blanda.

Mientras sigue pochándose la cebolla vamos preparando los higaditos. Es decir, cortar aquello que sea necesario (grasa, alguna zona verdosa que haya estado en contacto con la vesícula biliar o alguno de sus conductos, lavarlos, etc.). A mí me gusta separarlos por la mitad, incluso del corazón porque hay quienes les gusta comer el higadito, pero no el corazón. En el momento en que el ajo y la cebolla ya están blanditos y se empiezan a dorar es el momento de echar los higaditos. Remover con cuidado, agregar un chorreón de vino blanco, sal (en este punto podéis añadir un trozo de una pastilla de caldo de pollo), pimienta, un poco de orégano o de un mix de especias para cordero. Darle unas vueltas e incorporar el agua (ya caliente) para que tengamos salsa donde hacer sopones de pan Risa. Probar de sal y corregir si vemos que es necesario. En este punto espolvoreamos harina o maicena y removemos enérgicamente para espesar la salsa. Cuidado en que no se os hagan grumos. Yo tengo dos soluciones: bien espolvorearla muy poco a poco, bien aparto un poco de la salsa en un vaso batidor y mezclo la harina con la batidora). No hace falta mucha cantidad, así que no pasaros con el espesante.

Dejar que se haga a fuego lento con la tapa puesta. Se hacen muy rápido, así que una vez que apaguéis el fuego os recomiendo que los dejéis reposar para que los sabores se mezclen.

Se pueden acompañar con puré de patatas, patatas fritas, arroz blanco…

Un truco: si una vez hechos se guardan en la nevera, de un día para otro mejora su sabor infinitamente.

¡Buen provecho!

Caminos

Tras mucho caminar, alzó los ojos y vio que el camino se bifurcaba en dos.

_¿Y ahora qué? ¿Cuál seguir?

Después de tantas vueltas y revueltas, curvas, cuestas, los pedregales, el barrizal, el valle y el lago, dormir a intemperie, soportar los vientos, cuidarse de los asalta caminos y otro tanto de infortunios, era como volver al principio.

Se sentía como Alicia en el país de las maravillas. Si estuviera allí el Gato Cheshire tal vez podría preguntarle cuál era el camino correcto sin temor a equivocarse. Es cierto que tras mucho caminar, al final del camino siempre se halla la meta, pero hay momentos en los que los pies se cansan tanto por los entuertos del camino que parece que uno nunca llegara al final.

Primero se apostó a un lado del camino con la esperanza de que algún peregrino le indicara, y así estuvo largas horas, mas tras mucho esperar y ver que no aparecía nadie comprendió que no podía negarse a seguir andando. Era consciente de que tras la elección de un camino u otro se escondía una aventura diferente. ¿Cuál le esperaba a él? El miedo a lo desconocido, a lo que aún está por llegar puede ser un mal compañero en el camino.

El día seguía avanzando y debía resolver esa duda rápido antes de que le alcanzara la noche. Sonrió tontamente y siguió adelante.

_“Al menos, se llega a alguna parte…” Pensó estúpidamente para consolarse en caso de errar.

 

Queridos lectores:

He recibido un correo por parte de los compañeros de WordPress.com haciendo un resumen estadístico de la evolución de este blog durante el pasado 2011. Os lo dejo aquí abajo por si os interesa echarle un vistazo. Como balance, creo que con estos resultados debería escribir más recetas de cocina  (ya que es el tema que más demanda tiene, aunque no me guste que me copien posts con sus fotos incluidas sin hacer al menos referencia a la fuente)… A pesar de todo, no puedo más que agradeceros a todos vosotros, los visitantes de este humilde blog, algunos ocasionales, otros permanentes, e incluso fortuitos, mantener vivo no sólo este diario virtual sino, sobre todo, mi motivación por seguir escribiendo.

Os invito a seguir participando por aquí durante este recién estrenado 2012.

¡¡¡FELIZ Y PRÓSPERO AÑO NUEVO!!!  <:)

 

Resumen estadístico:

“Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un reporte para el año 2011 de este blog.

Aqui es un extracto

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 1.400 veces en 2011. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 23 viajes para llevar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

Hace semanas desde mi última entrada y no será por falta de ideas ni fotos nuevas que no lo haya hecho. ¡Lo siento mucho!

Desde entonces, mis días han seguido su curso normal. Se me quedan en el tintero muchas cosas que me hubiera gustado compartir con vosotros, como el día Nacional o hablaros sobre los mercadillos de navidad, pero las dejaré para otra ocasión. Tan sólo deciros que este otoño está siendo un tanto atípico, y no sólo porque a estas alturas aún no haya nevado.

Aún así, no quisiera que pasara este año sin felicitaros las fiestas.

 

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¡FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO 2012!

Sonrisa

El 6 de diciembre todos los niños de Austria se despiertan con la ilusión de que Nikolo  (San Nikolaus de Myra) les haya visitado por la noche, dejándoles un saquito con chocolate, mandarinas, nueces… Pero eso sólo sucederá si han sido buenos. Si por el contrario ese año han sido traviesos el día 5 recibirán la visita de Krampus (el diablo) quien no les dejará.

 

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Actualmente,  cuando se acerca esta fecha, vemos como es compra obligatoria un Krampus y un Nokolo de chocolate, así como los “chocobananen” de Nikolo y Krampus (una especie de nubes de plátano cubiertas de chocolate). Es tal el negocio del chocolate en este ámbito que incluso las grandes marcas aprovechan el momento para ofrecer a sus más selectos clientes figuritas del obispo de Myra o del diablo de su fantástico chocolate.

He de reconocer que no he llegado a ver ninguna cabalgata con estos dos personajes, pero algunos austriacos me han contado que durante su infancia, sobre todo en los pueblos, aún recuerdan con resquemor cómo el 5 de noviembre se podían ver por las calles Krampus, vestidos con sus caretas, sus cuernos, sus trajes de piel y sus cadenas y castigaban a la gente pegándoles con éstas. Realmente algo espeluznante para un niño.

Mas, ¿cómo nace esta tradición? Si aún queréis saber más, ésta es la historia de Nikolo contada en alemán:

 

Aquellos que aún no lo dominen, les diré que Nikolaus fue obispo de Myra, que murió el 6 de diciembre del 352 antes de Cristo. Nikolaus nació en Patara y quedó huérfano de padre y madre muy jovencito. Heredó muchas riquezas (piedras preciosas, oro, plata, palacios, muchos animales…), pero aún así no era feliz y no podía disfrutar de su fortuna. Se sentía tan desdichado que se pasaba los días llorando. Adelantando la historia (jejeje), un día, vio una jarra que contenía una historia. Había una vez un hombre rico y otro pobre. El rico tenía mucho dinero, pero era egoísta y no quería compartirlo con el pobre. Cuando murieron, el pobre fue ascendido al cielo por ángeles, mas el rico nunca llegó a entrar en el paraíso celestial. Así pues, Nikolo se reconoció en el hombre rico y decidió salir fuera de su palacio y compartir lo que tenía con los pobres. Y así lo hizo: a la mañana siguiente se levantó temprano y cruzó la puerta; se encontró con un hombre pobre, pero cuando metió la mano en su bolsillo no tenía nada para darle. Entonces, sin dudarlo, se quitó la cadena de oro que llevaba y se la dio, y lo mismo hizo con su anillo y sus ropas finas y zapatos. Regresó al palacio radiante de alegría después de compartir lo que tenía con los más pobres. A los pocos días salió a pasear por su jardín y llenó su bolsa con manzanas, mandarinas y nueces; abandonó el palacio y compartió todo con los indigentes, pero en secreto, sin que supieran quien era. Después de ser nombrado obispo, un día cargó su asno con sacos llenos de nueces, manzanas, dulces y mandarinas, salió a la calle y, tal y como había hecho cuando era joven, se lo regaló a los niños pobres que iba encontrando a su paso. Así, hizo de ese día una gran fiesta.

Si hay algo que me fascina de Austria es que en el supermercado puedes encontrar lo inimaginable: desde productos hasta sabores.

Mi último descubrimiento han sido unos ganchitos. Todos conocemos los archiconocidos ganchitos con sabor a queso. Aquí han una vuelta más de rosca al invento y, no sólo no se conforman con los ganchitos con sabor a cacahuete (realmente buenos y adictivos), ni con los de cacahuete light, sino que han reinventado el producto con un nuevo sabor: ganchitos de pistacho. Es como un boom: últimamente todo sabe a pistacho o a wasabi.

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Llevaba tiempo viéndolos en la estantería cada vez que iba a comprar, pero no terminaba de lanzarme a probarlos. Finalmente mi curiosidad ha podido más y terminé comprándolos. He aquí mis apreciaciones.

Como vemos en la foto, difieren de los de sabor a cacahuete o maní en su tamaño, la cantidad que incluyen en cada paquete y el color. Los primeros son más gruesos, más oscuros, con verdadero sabor al fruto seco en cuestión… Qué más puedo decir de ellos… ¡Me encantan! Tengo la impresión de que realmente han logrado alcanzar el sabor “umami”,  a pesar de aclarar en el paquete que no han utilizado saborizantes.

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Según estudios japoneses hay un quinto sabor en el gusto, a parte del salado, ácido/agrio, dulce y amargo: el sabor umami o sabroso, típico de potenciadores del sabor. ¿Quién no lo ha sentido al comer un plato cocinado con una pastilla de caldo? ¿O un plato asiático en el que han utilizado ajinomoto (glutamato monosódico), como la ternera con pimientos verdes? Hay quienes dicen que incluso el jamón serrano ibérico de muchas jotas también desata en nuestra paladar que percibamos el sabor umami.

Pero volviendo al aperitivo que nos ocupa, los ganchitos realmente buenos son los de la marca Kelly’s, aunque hay algunos de marca blanca que tampoco están tan mal. Por su parte, los de pistacho lo venden en un paquete más pequeño (aunque en la foto no se aprecia muy bien porque el otro estaba casi vacío T_T ), son más finos, su color no es verde como el pistacho, sino más blanquecino. Respecto al sabor… no termina de convencerme. Me deja un regusto a amargo industrial que dista mucho del delicioso sabor del pistacho, entre salado y dulce. Sinceramente, me terminé el paquete con dificultad y porque lo había pagado y no estamos como para ir derrochando.  Algo que tampoco me ha gustado es la publicidad empleada en el producto. Tras leer el eslogan, no nos queda duda de que la población a la que se dirige este producto es el sector femenino (“Son el mejor amigo de las chicas”). Ciertamente, comparándolo con el paquete del sabor original, la presentación y el formato nos resulta más femenino, más sutil, menos rudo… Sea como fuere, mi opinión sigue siendo invariable: por muy mona que sea la bolsa el resultado me ha decepcionado. No volvería a comprarlos sabiendo que el sabor no me ha convencido, que la cantidad que incluye es menor que en un paquete de ganchitos de cacahuete, y que el precio es mayor.

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