Hace unos días tuve un desafortunado accidente que al final ha quedado en un susto, pero el mal rato no me lo quita nadie.
Todos dicen que nadie, ni el más avispado informático, se libra de que alguna vez en su vida se le derrame alguna bebida sobre el portátil. Os puedo asegurar que el sentimiento de “idiota” que se te queda en el cuerpo es profundo. Todo ocurrió en un segundo, por un descuido, pero igualmente allá fue el café, directo al ordenador. Si hay algo que he sacado en claro en todo esto ha sido lo siguiente: la clave para salvar la situación del desastre es ser realmente rápido, más que Speedy González, y no pensar en qué pasaría si… ¡Error! En esta situación un segundo vale más que el oro. Deciros que, a pesar de seguir todas las pautas marcadas para este tipo de situaciones, mi ordenador tardó 24 horas en reaccionar y volver en sí. Durante ese día, que se me hizo eterno, no paraba de pensar: “lo primero que se le dice al gremio de administrativos y personal de oficina en materia preventiva de riesgos laborales es que las bebidas y líquidos deben mantenerse lejos de ordenadores y aparatos electrónicos y allá voy yo a demostrar el por qué con mi propia práctica… ¡Maldito café!”. Sólo de pensar en el azúcar del café me obsesionaba más el limpiar hasta el rincón más recóndito del laptop. ¡Qué mal ratito…! >_< Hasta intenté reiniciar el ordenador a modo de fallos, pero a mitad del proceso se bloqueó (menos mal… porque al día siguiente lo arranqué de forma normal y revivió de su letargo).

Bueno, después de esta parrafada, os diré, desde mi humilde ignorancia, qué hacer si os pasa algo similar. Ante todo, recordar que no somos técnicos, así que sobre todo seamos prudentes.
Lo primero es girar el teclado para evitar que el líquido entre por el área del teclado. Ser bien rápido en volverlo, apagar el ordenador (para evitar un mal mayor: electrocuciones, fuegos, cortos, etc.) No se puede pensar en apagarlo correctamente, ni en si voy a perder tal o cual archivo que no había guardado.
Una vez que tenemos el teclado apagado y boca abajo en 180º sobre una toalla o algún paño absorbente, hay quitar la batería y comprobar que no ha entrado líquido. Si lo hubiere, secarlo suavemente, sin presionar, (yo utilicé una servilleta de papel y sobre todo bastoncillos de los oídos. Una vez seco el espacio, mojé con agua uno de los extremos de un bastoncillo para eliminar posibles restos de azúcar y café. Volver a secar con suavidad). He leído por internet que, después de limpiar con agua se aconseja volver a hacerlo con agua destilada.
A continuación, procedemos igual con todos los recovecos (entrada de tarjetas DS, espacio del disco duro, memoria…). En la zona de la memoria, ventilador, etc., no retiré ningún elemento, porque se veía que afortunadamente el café no había llegado hasta allí. Aún así, le di con cuidado con un bastoncillo.
Si se os ocurre utilizar el secador del pelo para acelerar el proceso de secado os diré que sólo recurráis a él si tenéis la función de aire frío y después de habernos asegurado de limpiar bien las tripas de nuestro portátil. Repito: el aire caliente sólo va a ocasionar efectos contraproducentes (recalentamiento del sistema, que se derrita alguna pieza, etc.). Os recomiendo que no intentéis reiniciar el ordenador al momento, sino que lo dejéis descansar y termine de secarse por dentro. La impaciencia es grande, lo sé, pero necesita su tiempo.
Añadir que en un principio también utilicé el aspirador para que absorbiera lo más posible del líquido derramado. Si fue un acierto o si en su caso lo que hice fue retrasarme, no puedo deciros porque no soy informática. Tan sólo puedo daros fe de que estoy escribiendo esta entrada desde el portátil sobre el que se derramó el maldito café.
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